Tanto para perros como para gatos, los profesionales recomiendan la esterilización siempre, pero sobre todo para los gatos, pues son más escurridizos, y no tan fácilmente controlables como los perros.
Si no te dedicas a la cría de manera profesional y responsable, ni a las exposiciones o concursos, este artículo está dirigido a ti, que eres propietario de un gato.
Tener un gato sin esterilizar en una casa supone tener una bomba de relojería que maúlla constante e incansablemente, y que está deseando a cada momento que alguien abra la puerta de la calle para poder escaparse. Estas escapadas se producirían incluso hasta varias veces al mes, y cada una de éstas puede conllevar embarazos de hasta más de 12 crías no deseadas, que acabarían regaladas, malvendidas, abandonadas o incluso sacrificadas. Y al contrario de lo que podríamos esperar, la gata no esperaría mucho más de un par de días tras el parto para volver a salir, quizá, con las mismas consecuencias.
Al final puede ser que tras quince embarazos, que a nosotros nos sean indiferentes, la salud de nuestra amadísima gata se vea fuertemente achacada, tanto por los factores del embarazo, como pueden ser tumores mamarios, uterinos e incluso cánceres; como por las enfermedades que pueda haber cogido durante alguna de estas épocas de celo, siendo incluso incurables y mortales, como es el caso de la leucemia o la inmunodeficiencia felinas.
Si lo que nosotros poseemos es un macho, no dejan de ser evidentes los riesgos que pueden afectarle. Cierto es que no tendremos la responsabilidad de deshacernos como bien podamos de numerosas criaturas que la mayoría de las veces suponen un engorro, pero sus heridas de "guerra" por haber luchado por un territorio o una hembra a veces pueden conllevar, de nuevo, enfermedades citadas anteriormente, que descienden drásticamente la esperanza de vida de nuestro gato. Incluso, estas heridas pueden infectarse y necesitar la mutilación de algún miembro, como puede ser una pata, una oreja o un ojo.
Con la esterilización, lo que se pretende es mejorar la calidad de vida del animal y acentuar la comodidad de su dueño, evitando esas enfermedades, esos tumores y cánceres, los trastornos alimenticios que afectan al animal durante el celo, como la pérdida de apetito; sus maullidos matutinos, vespertinos y nocturnos… Además, evitaremos, ese marcaje de territorio que resulta tan molesto y poco higiénico en cada rincón de nuestra casa.
De la misma manera, ese carácter agrio que se dejaba ver en nuestro querido gato durante sus ciclos hormonales cambiará radicalmente, para mostrar un carácter más dulce y apacible, dejando de ser un animal dominante y receloso de su entorno, facilitando así, la convivencia con más personas y animales, sin dejar de ser tan vital y juguetón como le conocemos.
Haciendo mención a los mitos que nos han acompañado toda la vida, se desmiente que sea necesario que tanto gatos como gatas (además de otros animales como perros o conejos) se reproduzcan al menos una vez en la vida para evitar enfermedades, tumores, disminución física o psicológica. Esto es totalmente falso, pues no lo necesitan.
La esterilización, tanto en machos como en hembras, es una sencillísima intervención quirúrgica, como ya se ha comprobado, infinitamente beneficiosa para todos, incluyendo a los gatos que no nacen gracias a esta operación, dejando así ver a los gatos abandonados y/o callejeros, que paren sin control ninguno y así las protectoras y demás asociaciones dedicadas al bien de los animales se dediquen en exclusividad a ellos, pues son realmente los que necesitan esa atención tan infravalorada por la sociedad y el Gobierno en general.
Haciendo de nuevo mención al proceso de la cirugía en concreto, queda por añadir que la única revisión que necesita dura un par de semanas como máximo, con pequeñas curas a las cicatrices, que posteriormente serán indoloras.
Lo más cansado será vigilar el peso de nuestro animal después de la operación, pues tienden a engordar bastante, pero no supone nada en comparación con todas las mejorías que supone de cara al futuro.
Independientemente de los valores filosóficos, éticos o morales que queramos otorgarle a la esterilización, no supone una mutilación, mientras que la extirpación de una mama, una pata o un órgano interno, si lo supondría.
Esta intervención quirúrgica supone un ligero ahuecamiento en nuestros bolsillos, pero, personalmente, creo que merece la pena, ¿o no?